jueves, 1 de mayo de 2008
SIDRERÍA RESTAURANTE LA MONTERA PICONA (Gijón)

Un primer calibre
SIDRERÍA RESTAURANTE LA MONTERA PICONA
Calle de Saavedra, 3 y 5.
Teléfono: 984 490 210 / 211.
Apertura: 17 de abril de 2008.
Propietario y gerente: Fernando Blanco.
Jefes de cocina: Francisco Javier Marcos y José Enrique Rapp.
Encargado de sala: Damián
Arana.
Segundo encargado: Rubén Darío Sánchez.
Menú del día: 10 euros.
Menú sábados: 12 euros.
Menú domingos: 15 euros.
Tarjetas: sí.
Etiquetas de sidra: Menéndez, Baldornón y Roces.
Bodega: en crecimiento.
Espichas: entre 25 y 60 euros por persona a partir de 15 personas de lunes a jueves, y de 20 los fines de semana.

LUIS ANTONIO ALÍAS

Lleva apenas dos semanas abierto. Resulta imprudente e inexacto por lo tanto ya no la crítica, incluso la mera reseña descriptiva: faltan pequeños acabados y detalles decorativos, la carta precisa ajustes, la bodega se encuentra lógicamente en construcción y aunque el proyecto funcione normalmente aún queda tiempo para alcanzar la velocidad de crucero.

Pero siendo todo esto aplicable a La Montera Picona, unas especialísimas circunstancias hacen que percibamos nítidamente desde el primer día su importancia en calidades, posibilidades y disfrutes.

Comencemos subrayando que el proyecto se integra en la pasión hostelera de Fernando Blanco, gerente, regente y propietario de unos cuantos restaurantes y cafeterías al que llevo treinta años viendo o con kimono de kárate –disciplina en la que es dos veces campeón de Europa–, o con mono de trabajo.

Continuemos admirando el nivel del personal contratado tanto en cocina como en sala, un grupo de conocidos profesionales cuyas largas trayectorias hemos seguido y destacado aquí numerosas veces.
Y terminemos fijándonos en las dimensiones del local, en la amplitud de los independientes comedores para fumadores y no fumadores, en la originalidad artística de los paneles cerámicos con relieves sidreros y en la coordinada multifunción: cafetería, vinatería, chigre, menú del día, carta amplia, parrilla, salón de espichas, terraza y alguna otra que olvido.

Respecto al capítulo culinario, la concurrencia de Francisco Javier Marcos y José Enrique Rapp asegura, dentro de las tapas, las sartenes, los entrantes, los arroces, las carnes, los pescados, la parrilla y los postres, igual observancia de la tradición que de las libertades innovadoras: del impecable y jugoso tortu de picadillo a las magníficas láminas de rabo con ensalada de langostinos fritos, de la fartona parrillada de marisco al sutil carpaccio de buey mechado con boletus, del suculento y meloso arroz con bugre al ligero plato vegetariano de verduras a la sartén con sofrito, del rotundo chuletón de buey al vaporoso revuelto de oricios guisados con calabacín.

Apunta alto. De hecho, quien lo visite difícilmente notará los lunares y desajustes propios de un recién nacido. Por nuestra parte, y tras esta primera e insuficiente crónica, esperaremos un tiempo a que se asiente, madure y reafirme antes de dar nuevas noticias de una andadura que prevemos llamativa, competente y vigorosa.